Como los niños que escriben la carta a los Reyes Magos así pedí...
Pedí con ambición y sin saber para qué.
Como los niños que obtienen lo que quieren sin el menor esfuerzo...
Así obtuve lo que pedí de acuerdo a mis necesidades y ofreciendo un catálogo de buenas intenciones. Imaginando que yo sería de cierta manera una mujer dispuesta a modificar mi ser, mi hacer, mi sentir...
Cuando tuve lo que tanto pedí lo disfruté pero de tantas complacencias pronto me cansé y peor aún cuando llegó la hora de dar en igual medida descubrí que no, que no estoy dispuesta a dar sólo por corresponder.
Algo en mí, no cede al amor ni a las lisonjas del otro. No cedo, no doy el siguiente paso, no si veo amenazado mi tiempo, mi espacio...
No vuelvo a pedir. No todos los deseos concedidos son motivo de felicidad. Ni todos lo caprichos cumplidos dejan satisfecha el alma...
No...
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